Una de las más grandes incógnitas a las que se enfrentan muchos adultos es cómo ser buen padre o madre.

Nadie tiene la solución. Es algo que entendemos sobre nuestros propios padres mucho tiempo después. Sea cual sea tu edad, seas madre o padre, o aún no, es seguro es que eres hija o hijo.

Conoces a tus padres y convives con ellos, o los conociste y conviviste con ellos y hoy ya no están. De cualquier forma fuiste criado en presencia de al menos una figura materna o una figura paterna.

Pero ser madre o padre es uno de los desafíos más complejos, retadores y demandantes que existen. Puede ser una de las experiencias más inspiradoras, amorosas y satisfactorias que podemos experimentar.

LO QUE UNO ENTIENDE SOBRE LOS PADRES AL CRECER

Experimentamos tristeza o desazón por su dolor y frustración, pero también sentimos orgullo y felicidad por sus logros y alegrías.

Desde el momento en que nos convertimos en padres se dice que nuestra vida cambia. Nuestra existencia se transforma para siempre, ya que nuestra paternidad subsistirá hasta el fin de nuestros días.

No importa la edad que tengan nuestros hijos, un poco de nuestra esencia moral está en ellos. Por lo tanto, algo de nuestra madre y de nuestro padre habita en nosotros también.

Sin duda la convivencia e interacción entre padres e hijos conlleva un sinnúmero de experiencias.

Lo cierto es que nadie nos enseña a ser padres.

No importa la edad que tengan nuestros hijos, siempre tendremos algo nuevo que aprender, algún reto que superar.

Sin embargo, a veces ciertos acontecimientos —sobre todo si son desagradables— de alguna manera provocan un sesgo en la percepción que tenemos de nuestros padres y podemos llegar a pensar que, si hay regaños, molestias, desavenencias, discusiones, castigos, etcétera, siempre ha sido así y concluimos que “nos tocaron unos malos padres”; nos dejamos llevar por la tendencia de nuestro cerebro a centrarse en lo negativo.

Nuestro cerebro está diseñado para ayudarnos a sobrevivir y una estrategia que ha utilizado a través de miles de años. Es darle prioridad a las situaciones negativas y peligrosas antes que las positivas, el cerebro se apega a sus rutinas para disminuir los riesgos que atentan nuestra supervivencia.

Si bien, es un sistema natural de defensa que en las épocas primitivas resultaba eficaz, hoy ya no es funcional para guiar la manera en que nos relacionamos con los demás.

LO QUE UNO ENTIENDE SOBRE LOS PADRES AL CRECER

La buena noticia es que nuestro cerebro posee la cualidad de la neuroplasticidad, que se refiere a la manera en que nuestro sistema nervioso se modifica al interactuar con el entorno; y esto significa que podemos aprender nuevas perspectivas, nuevos enfoques que nos ayuden a reencuadrar ciertos recuerdos en nuestra memoria para orientarnos más allá de lo agradable o desagradable, y así tener la posibilidad de descubrir todo lo que podemos seguir aprendiendo y lo mucho que podemos agradecer a nuestros padres.

Al final, no importa cuál sea la personalidad de nuestros padres, lo que cuenta es que todo lo que hicieron ha contribuido a conformar lo que somos hoy. Con talentos, virtudes, áreas de oportunidad y retos por afrontar; en cada uno de nuestros logros o satisfacciones hay un poco de ellos y eso es valioso.

Honrar a tus padres a través del amor y la gratitud, es el mejor regalo para ellos y para ti.

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