México es un país de múltiples dimensiones.

Lo espiritual, lo religioso y lo divino permean los actos cotidianos de una forma muy especial. Además, se trenzan tradiciones diversas para articular el panorama amplísimo de nuestra cosmovisión.

Casi todas nuestras costumbres, especialmente las más arraigadas, responden al reconocimiento de un simbolismo que no se revela a primera vista. Y hasta los que no practican religión alguna, rinden culto a las preciosas costumbres mexicanas, sin cuestionarlas, porque su ejercicio es un bálsamo que reconforta la identidad personal, a través de la conexión con lo comunitario y su imaginario.

Desde la estrecha y simpática relación que los mexicanos tenemos con la muerte, hasta los extraños rituales para traer fortuna en el año nuevo. En México hay costumbres que sorprenden hasta a algunos mexicanos. Y, aunque muchas de ellas pueden encontrar su origen en una sola religión, nuestro diverso país no ha podido evitar reinterpretarlas y replantearlas con la visión de creencias prehispánicas o el espíritu de ideologías contemporáneas.

Estas son algunas de nuestras más maravillosas costumbres:

1. Alimentar a los muertos, porque siguen aquí

La ofrenda a los muertos que se pone anualmente en las casas mexicanas, combina simbología mexicana con prehispánica. Cada uno de sus elementos responde a un significado especial. Los platos de comida son elementos protagónicos. Se cree que ellos reciben la esencia de esos alimentos y la materia, nos la comemos los vivos. Mientras que unos optan por colocar en la ofrenda los alimentos y dulces favoritos de sus muertos queridos, nunca falta el tradicional pan de muerto o los moles con pollo y arroz.

2. Para todo mal, remedios caseros

Los mexicanos tenemos la mala fama de automedicarnos. Y la fama no viene sin justificación. Es posible que confiemos con mucha soltura en nuestro saber medicinal. Y esto tiene un trasfondo interesante y es que preferimos los remedios caseros a las visitas al médico. Los tés de hierbas y flores nos sirven para curar desde simples resfriados, hasta tremendas infecciones. Y no hay quien ponga en duda los calditos, los baños calientes, “las sobadas” de alcohol, las “purgas”, masajes y otros remedios caseros; estos nos han mantenido sanos por siglos.

3. A los tamales berrinchudos, les toca patada

Pocas costumbres tan curiosas, como el ritual que rodea la preparación de los tamales. Variedades de tamales hay tantas como de tacos. Es uno de los alimentos más importantes de nuestra gastronomía y en cada región del país se les hace justicia de forma especial. Y a pesar de ser tan comunes y cotidianamente encontrados, los tamales no son fáciles de preparar. Cuando las cosas salen mal, el tamalero o tamalera tienen que darle una regañiza a los tamales. Algunos les gritan groserías, otros le dan patadas o golpes a la olla. Por eso algunas vaporeras están golpeadas o “pachacateadas”.

4. No pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino

Las piñatas son una de nuestras costumbres más bonitas. Originalmente se rompen en las posadas y tienen forma de estrella con siete picos. Cada pico representa a un pecado capital y uno se venda, porque lucha con ciega fé. Cuando la rompes, obtienes la recompensa merecida. Ahora las piñatas son sinónimo de fiesta y las rompemos también en cumpleaños y otras celebraciones. Algunas representan a personajes queridos y otras, siguiendo con la tradición de romper lo negativo, representan a personajes despreciados.

5. La buena fortuna no es pura suerte

A estos rituales algunos les llaman superstición, pero para muchos mexicanos el destino está en la palma de la mano. Se trata de cumplir con las costumbres, para asegurar que el año nuevo esté repleto de bondades. Algunas de estas prácticas tienen orígenes en otros países, pero más de un mexicano las sigue el pie de la letra. Para asegurar la abundancia, se deben esparcir lentejas en la puerta de la casa. Llevar una moneda oculta en el zapato, durante la celebración del año nuevo, promete que no faltará el dinero. Otros, barren de la casa hacia la calle, ahuyentando las cosas negativas. Una variante es arrojar agua, que representa la tristeza.

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